¡Yo soy la autoridad! o… ¿no?

Ser jefe te da el “poder” para decidir lo que las personas a tu cargo deben hacer pero… no necesariamente te da la autoridad. ¿Estás ejerciendo tu liderazgo de la manera correcta?

En la actualidad el concepto de familia se ha tergiversado, evitando que se cumpla el plan que Dios trazó. Uno de los cambios más trascendentales es la “confusión” de roles, siendo el más notorio la pérdida de liderazgo del hombre.

Según el diseño de Dios, el hombre debe asumir su posición como cabeza, tal como lo relata Efesios 5:23; desafortunadamente queriendo serlo, algunos se equivocan y consideran que ejercer el liderazgo es sinónimo de exigir, dar órdenes y pedir resultados, olvidando que la vida familiar, al igual que el ambiente empresarial, comprende el desarrollo de actividades en las que se requiere un líder o empresario que planee, organice y controle, involucrando a su equipo, lo cual se logra no sólo con explicaciones o “capacitaciones”, sino desde el ejemplo.

Si bien es cierto que ser jefe te da el “poder” para decidir lo que tus empleados deben hacer, no necesariamente te da la autoridad (definida por Max Weber como la capacidad de influir en otros a partir de nuestra conducta, ejemplo y valores). La credibilidad, el respeto y el amor se fomentan a partir del ejemplo, no a través de la exigencia, por tanto tu manera de vivir motivará o impedirá que tu familia (y tus empleados), sigan tus pasos y/o tus ideales.

Es tiempo de revisar qué tipo de liderazgo estás ejerciendo. Ningún negocio es exitoso cuando sus propietarios sólo invierten dinero y dejan de lado “el capital humano”; tu familia no tendrá “buenos resultados” si sólo inviertes dinero para satisfacer los gustos o necesidades básicas, y no te preocupas por ser influencia sobre cada miembro del hogar.

Aunque estés viviendo momentos difíciles en tu familia y/o en tu negocio, recuerda que las grandes y exitosas empresas tienen un historial con “altibajos”; algunas incluso han tenido que caer en la ruina para levantarse con mayor ímpetu, así que: no es tarde, ¡estás a tiempo! AÚN PUEDES LEVANTARTE Y ASUMIR EL LIDERAZGO QUE DIOS TE HA DADO.

¡Siempre dispuestos a servirte!

Escrito por: Angélica Narváez García (@nangelik) | Creativa de proyectos.